sábado, 14 de mayo de 2011

El que no arriesga puede Morir por Amor

Cuando creyo que te habia extirpado por completo, reaparece esa luz, ese zumbido que le recuerda constantemente que seguis ahi, que no te fuiste, que la operacion fue tan solo una ilusion. incluso mas transparente que tu existencia, incluso mas efimera que nuestra realidad. y pensar que todavia la ves llorando cuando tus palabras le haces escuchar. y pensar que la historia se sigue repitiendo cuando le decis nunca mas. Ya no sos lo que eras, solo sos el recuerdo de lo que no paso, cuenta con las alas del mar, y con la paz existencial.
La historia podria ser otra, quiza, si su mente no pudiera controlar. pero puede, y quiere.
De a poquito le fue contanto, como de su vida se habia ido borrando, cada palabra era un martirio para su alma, cada palabra que largaba, pensaba, le quemaba. hasta que noto que era tan solo una sensacion, que definitivamente lo habia logrado, que se habia marchado. Lo habia extirpado.
Sus brazos dolian de tanto esquivar heridas, la sangre que solia correrle sin sentido se habia estancado para hacerla sentir otra vez. Y esta era en serio. sus ojos al mirarla la llenaban, la esperaban, la cuidaban, sentia su cuerpo caer hasta ahogarla, y ese ahogo la revivia, le ardia, la quemaba, desde lo mas profundo la mataba, para revivirla y apaciguarla. Habria preferido correr mas de una vez, pero por alguna extraña razon sus piernas no se lo permitian, ese alarido, ese taladro que eran sus gritos la divertian, y marina bailaba, claro que bailaba, al compas de una musica que ni ritmo tenia, pero que extrañamente la perseguia. y le gustaba.


domingo, 8 de mayo de 2011

El problema es que no hay problema.

El miedo y yo, solos en la cama. Pavada de postal intrascendente. Me mira y lo miro, susurra cosas que no quiero escuchar: un poco porque las sé de memoria, otro poco porque me embadurnan los oídos con la brea asquerosa de la soledad.

No me despiertes cuando vengas...y no me hables al oído.

¡Callate!¡No me jodas más! Necesito tantas cosas y al final todo se reduce a la paz, simple paz, sólo paz, la paz que no se encuentra en esta quietud maldita.

Ya no me sirven tus palabras, apagué el sueño demasiado temprano.

¿Será que lo apagué temprano? ¿Será que lo apagó temprano? ¿ Será por vos, por mí, por las mil noches sin dormir, por todo el tiempo que pasé sin leer a Julio, por el flagelo insoportable de escuchar al Flaco? ¿Será porque crecer es una mierda pero nadie se anima a decirlo así, tan categóricamente?
Un mundo perfecto y una vida perfecta. La felicidad más pura. Las noches más alegres, las risas mas risueñas, y bendita sea la boca que da besos. Sobretodo esa boca. Sobretodo esos besos. Y si todo pasa por algo y acá estas y sos la paz que necesito...entonces, ya no tengo nada más que preguntar.
¡Pero no! ¡Guarda ahí! Viene la drama queen, la que creiste haber matado. Herida de muerte, pero vivita y coleando, porque la muy hija de puta no sabe morir. No se siente morir, y se nutre de tu ira y de tu decepción, de tus heridas abiertas, de esta sangre envenenada que hace tanto no podías escupir. Y reventas, ¡si, claro que reventas! Y sos un resto de la nada, y es la hora de dormir abrazada a tus peluches, bien nena, toda nena, tan nena, ultra nena. Nena loca, loca, reventada, paranoica, suicida, delirante, fulgurante, expectante. Eras nena aquella tarde, llorando en la estación, y sos nena una noche como hoy, cuando ya no tenes bombas que ponerle a tu autoestima pero aún así escarbas bien hondo. ¡En algún lado debe haber mugre! Y sí, claro que la hay. Como a todo muñeco de trapo mal cosido, hay que tratarte con precaución. Un apretón de más y se te sale la guata, pero si se te deja sola los perros te ladran, te muerden, te rompen, te descosen, te desgarran. Que miedo dan esos perros. Que miedo dan los abrazos. Que miedo da cuando huís de la jauría fantasma y terminas rapiñando montada a los container el maldito amor que tanto miedo da. La muñeca rota no sabe lo que quiere. Y de pronto se ríe.
Se ríe histérica, un temblor de carcajadas, una pedrada en el alma, un roce de viento. Entiende de pronto que tiene el mundo entre las manos y se emperra en soltarse y perderse. Es entonces cuando se pregunta si acaso le da culpa ser feliz, y en este mundo sentirse culpable por ser feliz está de moda. Da culpa el placer, da culpa relajarse, da culpa gozar. ¡Hay que vomitar ese mundo! Mundo enfermo, mundo podrido, mundo infeliz. Y la gran paradoja de esta historia es que ella NO QUIERE ser como el resto del mundo. Quiere que la vida la despeine y la alborote, que los sueños se encadenen uno tras otro, tras otro, tras otro, y ama andar sin freno porque sólo así se es consciente del aire.
Yo otra vez. El miedo en mi cama. Mi libertad, una puta encariñada vestida a la marchanta, gime en mi corazón. De utopía a realidad se transforma a cada paso, y me ama tanto que dejó de ser efímera, sólo para mí, porque yo se lo pedí. Quiero estar sola con ella, porque sólo así puedo ser yo enterita. Mal cosida pero entera. Menos trapo y más carne. Menos ruinas y más versos. A dormir libertad, que mañana me toca sacarte a pasear como siempre (y tal vez hoy, como nunca). Respiro hondo y, de una patada, expulso al miedo de mi cama.

NO VUELVAS (yo estaré a un millón de años luz)

martes, 26 de abril de 2011

Tiempo exacto

¿Cómo te explico que hace mucho que no soy dueña de mi sombra?
¿Cómo te explico que así, toda chiquita, como me ves, por dentro soy un gigante de ilusiones y de sueños? Y a veces se me complica, y siempre sigo remando.
¿Cómo te explico que dependiendo de la hora y el estado, cuando te abrazo lo abrazo y me hago añicos?
¿Cómo te explico que es difícil lavar tanta sangre, tanta herida, tanto resto de libertad desparramado por el suelo?
¿Cómo te explico que no es que no quiera besarte, ni tocarte, ni sentirte, sino que cada vez que lo hago beso, toco y siento los cristales rotos de lo que no fué?
¿Cómo te explico que me hace feliz jugar un rato a ser la misma que fuí antes del huracán?
¿Cómo te explico que ser el después es un rol que te deja roto y malparado?
¿Cómo te explico que soy todo ruinas? Y vos me ves bella, me ves así, como si estuviera entera, como si no fuera ceniza.
¿Cómo te explico que no te puedo explicar?
Sólo por hoy, callar no es rendirse.

miércoles, 6 de abril de 2011

Agotada toda esperanza de realizar mis sueños de libertad en tus veredas, salgo a patearlas al rayo del sol. “Buen día”, “Buen día”, “Buen día, señor”. ¡Qué maleducada es la gente! Y yo todo corazón, aunque a veces me río y arrugo la nariz como una nena chiquita, bien chiquita, casi tan chiquita como ahora. Loca, loca, loca (con todos los tigres). Algún piropo volador me hace cosquillas en los oídos y me sonrojo, pura inocencia, pura ternura. Lo que no sabe el piropeador es que tras el sonrojo hay mil volcanes encendidos que se manifiestan en esa frialdad, en ese despecho, en esa rabia contenida que aflora en un mordisco en una boca, cuidadosamente seleccionada pero deseada tan poco, tan nada.“Que bonita que sos”. Silencio. Susurro un “Gracias”, colorada, colorada, aunque el “Bonita” todavía me abre tajos en el alma. Pero una gota más de sangre, una menos, ¿qué más da? Hace tanto que se sangra que da igual, da lo mismo, ya pasa a ser el modo de dejar de envenenarse y empezar a quererse, a aceptarse. Y todas las palabras se aglutinan en mi mente, y sonrío ansiando el momento de descargarlas sobre el papel, mi modo de ser y de estar, el rincón donde todo lo que nombro es mío. Vos sos mío cuando te escribo, más de lo que realmente lo fuiste. Este lugar que llamo hogar es tan mío como siempre pero esta vez puedo desglosarlo, revolcarlo, mimarlo, destrozarlo, y haga lo que haga sigue siendo mi hogar. Y el no lugar…¿Qué decir del no lugar?

El no lugar se respira en el rumor de los colectivos que llevan y traen gente, todo el día, todos los días, hasta este microclima pseudoporteño bien al oeste que doy en llamar “casa”. Se hace palpable en cada cara inconfundible, cada saludo apurado, cada huella que dejan todos los que lo habitan en su memoria de cal y cemento. Pero el no lugar se hace más fuerte, se clava en mi cuerpo, cuando tomo conciencia de que cada recoveco cuenta una historia, cuenta MI historia. El no lugar es ese lugar por donde no puedo pasar sin recordar. Y acá me quedo yo, aunque sé que pronto me iré. Me quedo para siempre saliendo del colegio, para siempre boca arriba en el pasto de la plaza, para siempre conteniendo carcajadas en la iglesia; eternamente llorando al costado de las vías, eternamente riendo en las guaridas de mis amigos, y allí eternamente se quedan ellos también bailando hasta la mañana, destapando una cerveza, abriendo de a poco las alas que algún día también se los llevaran a conocer otro horizonte que no sea el acceso a la autopista. Acá me quedo yo, como un eco vivo, viendo nacer a ese huracán chiquito, entendiendo por fin que familia es algo lejano a la sangre y a veces es producto del tiempo y el amor que juegan solos el partido y te atan como quieren. Me quedo cual sombra en cada esquina, portal, silla, cama, mesa de bar donde amé y perdí al mismo tiempo, donde me hice mujer (que frase cliché, como la detesto), donde dije adiós desde el primer momento. Por eso, sucucho bonaerense, no sos vos el que me ata: yo te ato a mí, te obligo a mirarme pasar por tus calles, a seguir oyendo mi voz, sintiendo mis pies hundirse en el barro (nunca fui buena esquivando charcos); te condeno para siempre a mi presencia porque soy tan parte tuya como vos sos parte mía, aunque no seas mi futuro, aunque aquí no termine el viaje que inicia mi cabeza, mi locura, intensamente, cada mañana, al compás de un “Buen día”. Y de pronto escucho un “¡Que vivan los novios!” coronado de aplausos, sin razón aparent. Y te regalo otra de mis carcajadas para decorar tus vientos: nunca están de más, nunca serán suficientes.

miércoles, 30 de marzo de 2011

sin titulo es mejo

Es mejor que sigas solo,

Acumulano tristezas, penas y olvidos.

A mi la tristeza me pasò,

Las penas ya no me llegan

Y el olvido me alcanzò.

No quisiera verte rengo,

Incrustado por ningun amor

No quisiera verte pesado

A causa de la indecisión.

Tu sonrisa me contagia,

Me da pena y calor

No quiero verte sin ella

No quiero verte rengo

No quiero verte mi amor.

Tu paz me da trabajo,

De ese que no tiene sabor,

No distingo si es alivio,

No distingo bien su olor.

Y quizà mi primer poema

Se fue como tu voz.

Es la primera vez que lo intento

Como intento no sufrirte,

No.

Y como el no es mal final para los dos,

Tambien lo es para mi hoy.

Por eso te pido que sigas,

Que pases y te decidas,

Que no pienses en si ni en no,

Que tan solo rias.

Que rias para contagiarme,

Que rias para ser vos.

La mochila puede ser mas pesada,

De lo que trae cualquier amor,

Y cual turista te vas caminando.

Y me voy detràs yo.

Solo reite mi amor

Que para la pena ya no hay dolor.

Solo reite mi amor

Que para la pena no hay espacio hoy.

Y asi como empezó, terminò

Lo eterno no es siempre bueno

Es mejor que sea fugaz y duradero

Solo reite mi amor,

Es mejor que sigas,

Con tu mochila y mi corazon.

domingo, 13 de marzo de 2011

Postcrucifixión


Dylan Thomas andaba solo en una multitud de amores. ¿Y yo? Yo ando sola en una especie de laberinto sordo de voces y risas, y llantos perdidos, y rostros sin nombre. Hay besos sin sesos y envases vacíos, los ecos de un mundo ido, una infancia con Nesquick y un estruendo de ladridos. Algún que otro tren que nunca llegó, y el amor por vos, enana de mi alma, que llenaste de trazos esta porción de mí, este papel enredado de suspiros e ilusiones, de esos ladrillos del mundo que son las palabras. Y sobre tus trazos playeros quedan ahora las huellas de miel de los amigos, el humo transpirado, los versos inconclusos, esa amistad caliente y mojada que rompe sus reglas sobre mil y un colchones. Por este laberinto también da vueltas como un trompo un corazón digno de romperse, sangrando profusamente sin pausa y sin prisa, con un ancho de espadas clavado en su palpitante carne contradiciendo y aniquilando todo lo que no puede evitar. Los celos enfermos, los miedos guardados, la palma de la mano sin futuro impreso y la certeza de haber amado como si una aguja penetrara hasta los huesos, apretando los dientes y sin pedir perdón. Pero aún hay más: un sol de enero, el instinto rebelde, indomable, liberado; vasos, rezos, cascos, motos, el vino dulce de la espera que me agotó (el no saber nada de vos). Y dueña de todo eso y más, en este laberinto, yo, tan yo, sólo yo; eternizada en un momento o en todos, niña y mujer, acción y pensamiento, tan viva, tan mi dueña, tan soñada y tan extraña, inexplicable e inmensamente FELIZ

lunes, 27 de diciembre de 2010

Cerrando los ojos no sirve aplaudir

Las luces se apagaron por segunda vez y su cabeza volvió a rebotar contra el vidrio. Esta vez más fuerte, como para recordarle que estaba ahí y que tenía que despertarse para poder observar. Era un camino oscuro y peligroso, o por lo menos, así lo sentía. Su cabeza reboto de un lado al otro, del vidrio al hombro de al lado. Del hombro de al lado al vidrio. No pudo visualizar muy bien de quién era ese hombro, si era mujer u hombre, si era niño o viejo. No pudo. Quizás no quiso. Y al abrir sus ojos se encontró frente a frente con la misma oscuridad de la que intentaba escapar antes de cerrarlos. ¿Seguiría dormida?
Su mano se deslizo por su roto bolso y empezó a revolver entre los bártulos que lo llenaban. Nada. Ni una birome, ni una hoja ni nada. Tendría que memorizar todo el recorrido, prestarle demasiada atención para no perder detalle y luego sí, poder anotar. Sacó la mano al tiempo que memorizaba. Era demasiado trabajo para alguien tan cansado, pensó. Igual lo hizo. Memorizo.
Vio unos ojos cargados de perdón pasar por su lado. Los memorizo. Todo, todo quería anotar, era genial. Las luces se prendieron una vez más y volvió a respirar. No se había dado cuenta del miedo que sentía hasta que se dio cuenta que estaba respirando nuevamente. Cuántas cosas puede hacer uno para esconderse del miedo.
Volvió a reposar su cabeza sobre el vidrio, implorando esta vez no encontrarse con un hombro desconocido al despertar.
Se había prometido no repetir la historia otra vez, se lo prometió y se lo grabo. Se lo recordó hasta el cansancio. Pero de tanto en tanto se perdía. Bajaba su barrera y las defensas caían, tenia que agacharse y recopilarlas nuevamente una por una. Armar una gran montaña y volver a colocarlas en su lugar. Para volver a grabarse al fin que ese era su tiempo, y no otro. Ya no sabía si era perseverancia o cruel resignación. También se preguntaba porque tenía que ser cruel la resignación.
Recapitulando, ya había dos cosas que no sabia, la primera era si estaba dormida o despierta y la segunda era el por qué de la crueldad que le estaba adjudicando a la resignación. El destino y su venganza era otra duda. Y mientras esta nueva duda afloraba entre sus pensamientos, su cabeza rebotaba una vez mas entre el vidrio y el hombro, el hombro y el vidrio.
No entendía nada.
Abrió los ojos una vez más y se dio cuenta que las luces se habían apagado nuevamente. El tren iba cada vez más lento, más aun que sus pensamientos y sus intentos de memorizar. Más aún que sus ganas de no repetir la historia una vez más. Empezó a temblar. Se dio cuenta que el miedo la estaba alcanzando, no sabia como escaparle ahora, ya que quien se encontraba a su lado impedía una gran corrida que estaba planificando. Respiro hondo. Sus ojos se deslizaron hacia su brazo derecho y visualizo la paz que estaba esperando. La encontró. La sintió. Por el reflejo del vidrio veía calles oscuras pasar, pequeñas fogatas armarse a los costados de la vía, como esperándola. Sabían que estaba ahí, sabían que las iba a mirar. La gente pasaba sin respirar, sin detenerse a oler su miedo, sin detenerse a sentir sus penas ni su olor.
Se acomodo como pudo en el asiento, intentado no molestar a ese hombro que la encerraba contra el vidrio.
Volvió a mirar.
Y vio esta vez que lo estaba haciendo, que la historia no tenia por qué ser otra. Que las cosas pasaban porque ella así lo permitía. Esa sensación la encerró aún más. Se sintió totalmente apretujada, apabullada, sin encontrar ni la entrada ni la salida. Tenia que encontrar el nudo exacto para poder cortar. Y no lo encontraba. No lo encontraba. Quería levantarse e irse de ahí. Pero al mismo tiempo había algo que la ataba, que no le permitía salir corriendo y olvidarse de todo una vez más. Ni las lágrimas tenían pase libre ya para correr sin sentido y deslizarse por su tobogán.
Sepa entender usted que este cuerpo también siente, que no es una pared contra la cual apoyarse y nada más. Se siente inentendido, se siente poco protegido, tiene tan solo una persona luchando por él y no alcanza, porque si se rebela se encuentra con soledad. Se olvida de la paz y se va corriendo hacia allá, atrás de la repetición, para sentir la protección.
Y quizás el final de esto ya está dado y tan sólo se suman palabras para decorar el nudo no trascendental que está a punto de socavar. Si se analizara palabra por palabra no tendría ni sentido todo lo aquí esbozado.
Pero qué sentido tiene analizar lo perceptible, si tan solo es perceptible y ya. Y se termina así, como se termina uno de levantar. Sintiendo cómo cada músculo vuelve a despertar, como los dedos vuelven a andar, como la cabeza carbura una vez más, y entonces se da cuenta uno de que el sueño no soluciona nada. Que quizá hasta más problemas trae. Y asumió definitivamente y al fin que era tan mala para los finales como para los títulos, que era tan mala para intentar escapar del encierro como para intentar dormir cuando hay miedo y no sueño. Que el tren iba a parar, ella se iba a bajar y este volvería a arrancar. Y ya.
Se sacudió un poco al despertarse una vez más, y notó que la sensación de ojos que no se pueden abrir que su sueño manifestaba era el puro reflejo de su efímera realidad. Efímera si, pero mientras esto durara. Al bajarse, sería otra la realidad, y la repetición y todo lo demás la perseguirían hasta el final.
Era mala, muy mala para los finales, pensó.
Quizás por ahora. Sonrió. Bajo, y camino. Para eso si era buena.


M de MARINA.