sábado, 14 de mayo de 2011
El que no arriesga puede Morir por Amor
domingo, 8 de mayo de 2011
El problema es que no hay problema.
martes, 26 de abril de 2011
Tiempo exacto
miércoles, 6 de abril de 2011
Agotada toda esperanza de realizar mis sueños de libertad en tus veredas, salgo a patearlas al rayo del sol. “Buen día”, “Buen día”, “Buen día, señor”. ¡Qué maleducada es la gente! Y yo todo corazón, aunque a veces me río y arrugo la nariz como una nena chiquita, bien chiquita, casi tan chiquita como ahora. Loca, loca, loca (con todos los tigres). Algún piropo volador me hace cosquillas en los oídos y me sonrojo, pura inocencia, pura ternura. Lo que no sabe el piropeador es que tras el sonrojo hay mil volcanes encendidos que se manifiestan en esa frialdad, en ese despecho, en esa rabia contenida que aflora en un mordisco en una boca, cuidadosamente seleccionada pero deseada tan poco, tan nada.“Que bonita que sos”. Silencio. Susurro un “Gracias”, colorada, colorada, aunque el “Bonita” todavía me abre tajos en el alma. Pero una gota más de sangre, una menos, ¿qué más da? Hace tanto que se sangra que da igual, da lo mismo, ya pasa a ser el modo de dejar de envenenarse y empezar a quererse, a aceptarse. Y todas las palabras se aglutinan en mi mente, y sonrío ansiando el momento de descargarlas sobre el papel, mi modo de ser y de estar, el rincón donde todo lo que nombro es mío. Vos sos mío cuando te escribo, más de lo que realmente lo fuiste. Este lugar que llamo hogar es tan mío como siempre pero esta vez puedo desglosarlo, revolcarlo, mimarlo, destrozarlo, y haga lo que haga sigue siendo mi hogar. Y el no lugar…¿Qué decir del no lugar?
El no lugar se respira en el rumor de los colectivos que llevan y traen gente, todo el día, todos los días, hasta este microclima pseudoporteño bien al oeste que doy en llamar “casa”. Se hace palpable en cada cara inconfundible, cada saludo apurado, cada huella que dejan todos los que lo habitan en su memoria de cal y cemento. Pero el no lugar se hace más fuerte, se clava en mi cuerpo, cuando tomo conciencia de que cada recoveco cuenta una historia, cuenta MI historia. El no lugar es ese lugar por donde no puedo pasar sin recordar. Y acá me quedo yo, aunque sé que pronto me iré. Me quedo para siempre saliendo del colegio, para siempre boca arriba en el pasto de la plaza, para siempre conteniendo carcajadas en la iglesia; eternamente llorando al costado de las vías, eternamente riendo en las guaridas de mis amigos, y allí eternamente se quedan ellos también bailando hasta la mañana, destapando una cerveza, abriendo de a poco las alas que algún día también se los llevaran a conocer otro horizonte que no sea el acceso a la autopista. Acá me quedo yo, como un eco vivo, viendo nacer a ese huracán chiquito, entendiendo por fin que familia es algo lejano a la sangre y a veces es producto del tiempo y el amor que juegan solos el partido y te atan como quieren. Me quedo cual sombra en cada esquina, portal, silla, cama, mesa de bar donde amé y perdí al mismo tiempo, donde me hice mujer (que frase cliché, como la detesto), donde dije adiós desde el primer momento. Por eso, sucucho bonaerense, no sos vos el que me ata: yo te ato a mí, te obligo a mirarme pasar por tus calles, a seguir oyendo mi voz, sintiendo mis pies hundirse en el barro (nunca fui buena esquivando charcos); te condeno para siempre a mi presencia porque soy tan parte tuya como vos sos parte mía, aunque no seas mi futuro, aunque aquí no termine el viaje que inicia mi cabeza, mi locura, intensamente, cada mañana, al compás de un “Buen día”. Y de pronto escucho un “¡Que vivan los novios!” coronado de aplausos, sin razón aparent. Y te regalo otra de mis carcajadas para decorar tus vientos: nunca están de más, nunca serán suficientes.
miércoles, 30 de marzo de 2011
sin titulo es mejo
Es mejor que sigas solo,
Acumulano tristezas, penas y olvidos.
A mi la tristeza me pasò,
Las penas ya no me llegan
Y el olvido me alcanzò.
No quisiera verte rengo,
Incrustado por ningun amor
No quisiera verte pesado
A causa de la indecisión.
Tu sonrisa me contagia,
Me da pena y calor
No quiero verte sin ella
No quiero verte rengo
No quiero verte mi amor.
Tu paz me da trabajo,
De ese que no tiene sabor,
No distingo si es alivio,
No distingo bien su olor.
Y quizà mi primer poema
Se fue como tu voz.
Es la primera vez que lo intento
Como intento no sufrirte,
No.
Y como el no es mal final para los dos,
Tambien lo es para mi hoy.
Por eso te pido que sigas,
Que pases y te decidas,
Que no pienses en si ni en no,
Que tan solo rias.
Que rias para contagiarme,
Que rias para ser vos.
La mochila puede ser mas pesada,
De lo que trae cualquier amor,
Y cual turista te vas caminando.
Y me voy detràs yo.
Solo reite mi amor
Que para la pena ya no hay dolor.
Solo reite mi amor
Que para la pena no hay espacio hoy.
Y asi como empezó, terminò
Lo eterno no es siempre bueno
Es mejor que sea fugaz y duradero
Solo reite mi amor,
Es mejor que sigas,
Con tu mochila y mi corazon.
domingo, 13 de marzo de 2011
Postcrucifixión
Dylan Thomas andaba solo en una multitud de amores. ¿Y yo? Yo ando sola en una especie de laberinto sordo de voces y risas, y llantos perdidos, y rostros sin nombre. Hay besos sin sesos y envases vacíos, los ecos de un mundo ido, una infancia con Nesquick y un estruendo de ladridos. Algún que otro tren que nunca llegó, y el amor por vos, enana de mi alma, que llenaste de trazos esta porción de mí, este papel enredado de suspiros e ilusiones, de esos ladrillos del mundo que son las palabras. Y sobre tus trazos playeros quedan ahora las huellas de miel de los amigos, el humo transpirado, los versos inconclusos, esa amistad caliente y mojada que rompe sus reglas sobre mil y un colchones. Por este laberinto también da vueltas como un trompo un corazón digno de romperse, sangrando profusamente sin pausa y sin prisa, con un ancho de espadas clavado en su palpitante carne contradiciendo y aniquilando todo lo que no puede evitar. Los celos enfermos, los miedos guardados, la palma de la mano sin futuro impreso y la certeza de haber amado como si una aguja penetrara hasta los huesos, apretando los dientes y sin pedir perdón. Pero aún hay más: un sol de enero, el instinto rebelde, indomable, liberado; vasos, rezos, cascos, motos, el vino dulce de la espera que me agotó (el no saber nada de vos). Y dueña de todo eso y más, en este laberinto, yo, tan yo, sólo yo; eternizada en un momento o en todos, niña y mujer, acción y pensamiento, tan viva, tan mi dueña, tan soñada y tan extraña, inexplicable e inmensamente FELIZ
lunes, 27 de diciembre de 2010
Cerrando los ojos no sirve aplaudir
Su mano se deslizo por su roto bolso y empezó a revolver entre los bártulos que lo llenaban. Nada. Ni una birome, ni una hoja ni nada. Tendría que memorizar todo el recorrido, prestarle demasiada atención para no perder detalle y luego sí, poder anotar. Sacó la mano al tiempo que memorizaba. Era demasiado trabajo para alguien tan cansado, pensó. Igual lo hizo. Memorizo.
Vio unos ojos cargados de perdón pasar por su lado. Los memorizo. Todo, todo quería anotar, era genial. Las luces se prendieron una vez más y volvió a respirar. No se había dado cuenta del miedo que sentía hasta que se dio cuenta que estaba respirando nuevamente. Cuántas cosas puede hacer uno para esconderse del miedo.
Volvió a reposar su cabeza sobre el vidrio, implorando esta vez no encontrarse con un hombro desconocido al despertar.
Se había prometido no repetir la historia otra vez, se lo prometió y se lo grabo. Se lo recordó hasta el cansancio. Pero de tanto en tanto se perdía. Bajaba su barrera y las defensas caían, tenia que agacharse y recopilarlas nuevamente una por una. Armar una gran montaña y volver a colocarlas en su lugar. Para volver a grabarse al fin que ese era su tiempo, y no otro. Ya no sabía si era perseverancia o cruel resignación. También se preguntaba porque tenía que ser cruel la resignación.
Recapitulando, ya había dos cosas que no sabia, la primera era si estaba dormida o despierta y la segunda era el por qué de la crueldad que le estaba adjudicando a la resignación. El destino y su venganza era otra duda. Y mientras esta nueva duda afloraba entre sus pensamientos, su cabeza rebotaba una vez mas entre el vidrio y el hombro, el hombro y el vidrio.
No entendía nada.
Abrió los ojos una vez más y se dio cuenta que las luces se habían apagado nuevamente. El tren iba cada vez más lento, más aun que sus pensamientos y sus intentos de memorizar. Más aún que sus ganas de no repetir la historia una vez más. Empezó a temblar. Se dio cuenta que el miedo la estaba alcanzando, no sabia como escaparle ahora, ya que quien se encontraba a su lado impedía una gran corrida que estaba planificando. Respiro hondo. Sus ojos se deslizaron hacia su brazo derecho y visualizo la paz que estaba esperando. La encontró. La sintió. Por el reflejo del vidrio veía calles oscuras pasar, pequeñas fogatas armarse a los costados de la vía, como esperándola. Sabían que estaba ahí, sabían que las iba a mirar. La gente pasaba sin respirar, sin detenerse a oler su miedo, sin detenerse a sentir sus penas ni su olor.
Se acomodo como pudo en el asiento, intentado no molestar a ese hombro que la encerraba contra el vidrio.
Volvió a mirar.
Y vio esta vez que lo estaba haciendo, que la historia no tenia por qué ser otra. Que las cosas pasaban porque ella así lo permitía. Esa sensación la encerró aún más. Se sintió totalmente apretujada, apabullada, sin encontrar ni la entrada ni la salida. Tenia que encontrar el nudo exacto para poder cortar. Y no lo encontraba. No lo encontraba. Quería levantarse e irse de ahí. Pero al mismo tiempo había algo que la ataba, que no le permitía salir corriendo y olvidarse de todo una vez más. Ni las lágrimas tenían pase libre ya para correr sin sentido y deslizarse por su tobogán.
Sepa entender usted que este cuerpo también siente, que no es una pared contra la cual apoyarse y nada más. Se siente inentendido, se siente poco protegido, tiene tan solo una persona luchando por él y no alcanza, porque si se rebela se encuentra con soledad. Se olvida de la paz y se va corriendo hacia allá, atrás de la repetición, para sentir la protección.
Y quizás el final de esto ya está dado y tan sólo se suman palabras para decorar el nudo no trascendental que está a punto de socavar. Si se analizara palabra por palabra no tendría ni sentido todo lo aquí esbozado.
Pero qué sentido tiene analizar lo perceptible, si tan solo es perceptible y ya. Y se termina así, como se termina uno de levantar. Sintiendo cómo cada músculo vuelve a despertar, como los dedos vuelven a andar, como la cabeza carbura una vez más, y entonces se da cuenta uno de que el sueño no soluciona nada. Que quizá hasta más problemas trae. Y asumió definitivamente y al fin que era tan mala para los finales como para los títulos, que era tan mala para intentar escapar del encierro como para intentar dormir cuando hay miedo y no sueño. Que el tren iba a parar, ella se iba a bajar y este volvería a arrancar. Y ya.
Se sacudió un poco al despertarse una vez más, y notó que la sensación de ojos que no se pueden abrir que su sueño manifestaba era el puro reflejo de su efímera realidad. Efímera si, pero mientras esto durara. Al bajarse, sería otra la realidad, y la repetición y todo lo demás la perseguirían hasta el final.
Era mala, muy mala para los finales, pensó.
Quizás por ahora. Sonrió. Bajo, y camino. Para eso si era buena.
M de MARINA.