domingo, 26 de septiembre de 2010

El mismo amor, la misma lluvia


Y ahora a celebrar,
a la luz de una estrella vespertina y azul,
la hazaña de estar vivos,
conocerte aquí, todo aquello que fuimos,
ya sabes, en fin,
nuestro pequeño milagro,
mi pequeño milagro.


A veces agradezco ese milagro…A veces me destroza por dentro.

Háblame de tus abrazos, de nuestro amor imperfecto, de la luz de tu utopía, que tu voz tape este estruendo.

Yo me pregunto si será coherente culpar a Ismael Serrano, o a los mates, o a la insanía creciente. Probablemente no, pero sigo pensando por qué será que no duermo. No sé a qué le tengo miedo. No sé que clase de inercia es esta que me agarra frente al monitor, o frente a un libro, o frente a una pared (si, una pared). Y después de mucho pensar…

A veces no puedo dormir, Alicia, y sé que te vas a reír pero ando loco buscando la melodía que te congele en mi abrazo, que te retenga a mi lado.

Me cago en vos Ismael. Yo era Alicia. Bah, no era Alicia. Nunca fui Alicia hasta ahora. Después de caerme por el último y más profundo de los pozos…

Todo es frágil: tu costumbre de amarme, mi fe, el silencio y la vida que duerme en un vagón de tren. Tu contrato fugaz, la memoria, este hilo de voz, las quimeras que surcan estrechos y este corazón que persigue tu rastro en la alfombra de la habitación.

Qué costumbre de interrumpirme que tenés Ismael. Pero sí, soy frágil, ¿y? Ya no me da vergüenza. ¡Cuántas cosas no me dan vergüenza ya! Ahora robo besos sin siquiera sonrojarme porque, total…Los robo porque no son de su boca. Te confieso que a veces me prendo un pucho o dos. No, no lo veo en el humo. No, no me lo recuerda. Ni siquiera yo sé por qué lo hago. Alguna vez me dijeron que no iba a estar sola, Mentía Ismael, y mentía con tu voz.
Hace tiempo que no se por qué hago las cosas, y sin embargo, nada es mejor que este let it be. Sí, debería estar estudiando historia. Si, de vez en cuando tengo miedo. Sí, soy como un animalito que solo obedece al instinto. El instinto…Que muerto estaba el instinto y miralo ahora vivito y coleando, sacudiéndome a su compás. Por lo menos me quedó el instinto, porque si hablamos de corazón, bien muerto está. Y bien enterrado. Y me dan ganas de meter la pata, pero ahí es cuando Cata me tira los brazos y pienso que no necesito que nadie más me los tire.
Como verás, soy un otario más Ismael. Y no me arrepiento. Y volví a ser la que era, así, un poquito más reventada, con un par de rasguños, heridas de guerra muy distintas a las que solían quedarme después de esos combates. Lo que me daba placer ahora me da dolor, ya ves, y aún así me enorgullecen mis cicatrices. ¡Pero claro! Si son la prueba de que no pasé la vida sentada en la comodidad y la seguridad de ser un autómata y no sentir, no latir, no gozar, no vivir. Sentí, latí, gocé, viví y el que no me crea que mire estas ojeras cuando mañana me levante y me interne en los pormenores de la revolución francesa. Al fin y al cabo soy una combinación de militante de la utopía y borracha de fin de semana. Amo ser el huracán, el chaparrón, la melodía, amo ser tantas cosas porque siempre soy algo, nunca soy nada, nunca soy ninguna. Mi amigo diría que estoy “ranting”, porque así somos con el spanglish, y nadie va a entender eso más que él.

Confiesa que me buscaste entre los escombros, en las ruinas del alma

¿Vos decís que me vaya a dormir Ismael? Dijo que me quería libre, y en ese mismo momento me encadenó. Me torturas Ismael, pero no sé. Es como drenarlo de las venas. Después de todo vos también tenés el don de la palabra, y cuantas boludas, perdón, Julietas habrán estado del otro lado de tu papel.

Como la certeza de que no sueñas conmigo, negro era aquel bar…

Y volví, ¿viste? La misma camisa me sonrió y me preguntó dónde había estado, y qué decirle si ni yo sé donde estuve. Fue lindo volver. La noche, la ventana abierta de par en par, el humo, ningún llanto que se acallara de repente porque el futuro incierto, el destino, o como mierda quieras llamar a ese rayo que me partió en dos entró por esa puerta. Ismael le tengo miedo a tus silencios porque no sé lo que puede venir, y me recordás que tengo ganas de sacarme una foto con la estatua de Mafalda que está en San Telmo, a falta de la taza que me dejé olvidada junto con la cordura en vaya a saber que rincón del departamento rozando la playa. Intento imaginármelo y lo veo claro…Tal vez está exactamente haciendo esto, aquello, o tal vez haya ruido en el colchón mientras el mío apenas me sostiene el cuerpo.

Será que el último verano se escapó en otro metro, que en este vagón no sale el sol, que ayer no llamaste por teléfono.

Pero Ismael, no digas pavadas, que en mi vagón no falta nunca el sol, No amigo, no te confundas. Mirá mi sonrisa. Mirame entera. Mirá lo que soy, mirá lo que siento. Es una parte muy chiquita la que necesita de esta clase de…

Gente que miente por un trozo de calor, que reza por que pare el ascensor atrapado contigo

Me haces reír, lo tengo que admitir, aunque interrumpas la cadena de pensamiento. Sabés que necesito la taza de leche caliente para dormir, porque si ya pasaron los 4 es que estoy complicada. En realidad me muero de sueño. No sé por qué no quiero dormir. Es que tengo tantas ganas de todo que no paro, no me desacelero. De correr todo lo que me den los pies, Pero ahora tengo la taza entre las manos y no pienso nada. Aprendí a callarte, cabeza. Y así te empecinás en hacerme llorar Ismael.

Si te vas, los árboles del parque seguirán creciendo, pasará este otoño. Se unirán dos nuevas soledades, se dirán mentiras, seguiremos locos

Un día dijimos (tengo esa costumbre puta de todavía nombrar un nosotros) que los locos éramos los cuerdos del mundo. Ya sé lo que va a pasar cuando me duerma: voy a soñar cosas raras. Puedo levantarme riendo o llorando, ¿y cómo saberlo? Estoy tan envenenada y tan viva, tan feliz. Sí, feliz. ¿O pensaste que no era feliz? No te confundas Ismael, si soy feliz. Es sólo un lento ajuste a la espera.

La ciudad parece un mundo cuando se ama a un habitante

A mi más que un mundo se me hace una pequeña habitación. Lo siento respirar. Callate un poco. ¿Lo oís? Tose un poco a veces. Mejor me apuro a tropezar, a cometer mil errores, a malgastar en cualquier cama lo que se me de la gana (no te ofendas, no sé por qué me acordé de Arjona). Faltan meses, faltan años. A acumular vida se ha dicho. Y no, este insomnio no es nada Ismael. Es sólo que como vos dirías: últimamente, me cuesta tanto, tanto, tanto no…Ese verbo, sí. A dormir.

sábado, 18 de septiembre de 2010

Santa Rosa y La Canosa


Seria necesario entrar para poder sentir lo que se ve. Lo que solo unos pocos somos capaces de ver, y así poder sentir, por que entramos y pisamos ese lugar. Las paredes que se insertan en la mente cual culo de video match. Pero cuánto más puede dar una pared. Si vieras esos carteles cortarse por la humedad, por alguna mano que quizás lo quiso desgajar, o por el tiempo, que lo corre como a mí, como a vos y como a él. Es un cartel. Y cuánto más que un culo puede dar. Y nadie lo ve. Y nadie lo vende. Sólo unos pocos sin ansias de figurar lo podemos comprar. Y sin un papel que intermedie entre mi mano y él.
Me imagino a sus “boludos” mal modulados, insoportablemente modulados, desmodulados. Moduladamente inmodulables correr de la faringe, laringe, ¡qué esfinge! hasta la lengua, y de ahí como una carrera impecablemente armamentista deslizarse como letras recién encajadas por un niño inexperto por esa lengua que tienen como tobogán. Y de ahí al aire, nada más que una función que desconozco tanto como él y como ustedes. Y salio ese boludo tan insoportablemente in modulado. Y fue producido por la sorpresa de lo desconocido, un lugar deshabitado para ese horario, unos ojos bien abiertos a causa de la desorbitación de la invalidez y de la desazón. Pura palabrería, sólo para decir que la sorpresa a todos nos llega. Y el boludo se puede convertir en un grito de burgués que pretende salir del globo de aire y caer en un lugar en el que su boludo no encaja para bien.
Si se calcula desde una postura, la perdida de tiempo fue realmente extrema, es o podría haberlo sido. Si esto hubiese ocurrido. Dos horas de vaguear, leer un poco acá, escuchar un poco allá, y ni hablemos de mirar, pensar, meditar. Dos horas. No se cuantos minutos, ni hablemos de segundos. La matemática no es algo que pueda negociar.
Si se calcula desde otra postura, puede decirse que se estuvo gestando alguna respuesta a la supuesta perdida de tiempo que otros supuestamente tienen. Por que sólo quieren joderte, dejarte invalidado en panamericana, en corrientes o en tu casa. No todo es lo que se vende, ni lo que se compra, ni mira, ni escucha, ni parece. No todo lo que brilla es oro, no todo es una foto. Si todo es una foto, quiero estar, al lado tuyo. Benditas pastillas del abuelo, gracias por algunas frases bien armadas para el momento justo. Vayamos más allá de las ganas de joder o la vagancia supuestamente impregnada que se adjudica por no correr atrás de la vulnerabilidad del tiempo que se nos da. Por defender algo que no todos ven, por que el cartel desgajado es propiedad invendible de unos pocos. Los baños inundados y las aulas despintadas. Esas paredes manchadas de vida, de ganas de nada. De ganas de todo. Tan simple como plasmar unas ganas. Tan simple como escuchar dos horas a un mono que habla. Esas caras llenas de magia, esos pantalones sucios y gastados. Las zapatillas mal atadas. El sillón que guarda sueños de miles de cabezas que tuvieron la gloria de descansar sobre sus brazos, de esas piernas que estuvieron ahí extendidas, y fueron tapadas por una mano desconocida. Esa comida recién calentada, o recalentada, preparada y pensada. Brindada a unas bocas que solo hablan, que se extienden y muestran sus dientes, que expresan lo que sienten. Ese amontonamiento de gente nerviosa a punto de explotar. Una nube de humo que persigue a todo el que pase, y a nadie molesta, por que existe el respeto. Por que existe la comunidad. Por que existe algo que todos vemos, por igual. Que no se sabe bien qué es, pero está. Esa mano que te extiende un pañuelo, ese hombro que te ve apretujado y evita el golpe, y recibís a cambio una sonrisa cómplice, una mirada agotada. Y unas ganas extremas de que el mundo sea como no es. ¿Por qué te empecinas en que el mundo sea como no es?, por que no me gusta. A mi tampoco. Y no todos entienden las ansias de cambio.
Y quizás que vos putees adentro de tu ataúd metálico por que estás invalidado para correr atrás de algo impuesto, significa algo positivo. O algo negativo. Pero algo se está movilizando. Habría que abrir más los ojos y ponernos un poco en el lugar del otro. Que vos putees significa que a ellos se les cae el techo en la cabeza. Que vos putees significa que su piso se inunda. Que vos putees significa que sentís como siento yo, como sienten ellos. Como sentimos todos. Solo que yo me permito verlo y vos no. Y darte cuenta de que algo puede pasar te hace putear una vez mas. No todos estamos listos para el cambio. No es vagancia ni perdida de tiempo, es hacer oír una voz que esta naciendo, que esta reviviendo y que nunca debería partir. No todos podemos ser tontos ante la obviedad, es más fácil vivir en la comodidad del malestar, que romper con lo establecido y hacerte putear. Benditas sean las puteadas si algo logran. Aun que sea que un boludo, bien modulado, mal modulado, pero boludo igual, se siente y goce de perder el tiempo escribiendo y pensando que en algún momento algo va a pasar. Que la chispa que fue encendida no se apaga ni por la lluvia torrencial. Que venga santa rosa. Que algunos queremos despertar.
Hay paredes que quieren escuchar, y bocas que quieren explotar.

viernes, 10 de septiembre de 2010


Es tan temprano que da calambre, y las botas marrones pisan ligero la casi cuadra hasta la estación, pasos cortitos pero a gran velocidad, como si por eso fuera a hacer menos frío. Le dan ganas de prenderse un pucho, aunque no fuma: es que la situación es acorde al cigarillo, o el cigarillo acorde a la situación, no sabe, la cosa es que le dan ganas. Por fin se ve una sola luz cortando la niebla, despacio, muy despacio, acercándose hasta el centro, donde está la estación, donde está el banco de piedra, donde están las botas marrones que de un salto se apresuran a conseguir un asiento. Y una vez acurrucadas contra la ventana, se entregan al sueño, al tren que se mece lentamente. A veces sonríe con los ojos bien cerrados, pensando lo gracioso que sería cruzarlo en la estación, rotoso y despeinado, y saludarlo con esa complicidad que solo tienen aquellos que saben darse buenos gestos cada tanto pero nada más. El vínculo más sano de todos: aquél en que ambas partes no se quieren. Abre muy apenas un ojo y ve el primer arco, más tarde el segundo, después el galpón colorido. Se sorprende pensando en una persona por estación, y en otra en todas las estaciones, pero qué más da. Hora de bajar y pasar el túnel. Hora de abordar el otro tren, y las botas esquivan a la señora de las mentitas y se acercan sigilosamente al lugar donde aproximadamente va a ubicarse la puerta en cuanto el tren entre en la estación. Y ese momento llega, y ahora sí, empujones, apretones, nadie que intente comprender que si no bajan unos no subiran los otros, y ahí sí, después de la ley de la selva, las botas marrones entran despreocupadamente y se dejan caer junto a la primer ventana que encuentran. Sobre esas botas hay una mente dispersa que se esfuerza por abrir un apunte y por ser nada más y nada menos que una estudiante; pero a lo largo del viaje la amiga, la mujer, la hija, la tía, la prima, la hermana, van ocupando a su turno ese lugar, y es probable que las botitas lleguen con tan sólo dos páginas leídas. “Moreno, Paso del Rey, Merlo, Padua…” repetía la voz de papá cuando las botas eran unos zapatitos azules de gamuza que por primera vez recorrían un vagón. Los zapatitos intentaban recordar pero nunca pasaban de Padua, y la pequeña cabeza sobre los zapatos se perdía en imaginarse un rey caminando apresurado por los pasillos de su palacio, y con eso siempre empezaba alguna historia porque era tan grande su imaginación. “Tan grande…” se hacen eco las botas de ese pensamiento, de esa memoria con olor a perfume de señor, a canas incipientes, a padre ahora soltero intentando…Simplemente, intentando. Sus ojos siguen el recorrido de la ligustrina que se pierde más allá de la estación de servicio, y aunque no llegan hasta ahí, ven con claridad el edificio despintado, el portón abierto, las ventanas rotas, las aulas destartaladas. Un calorcito en el pecho la asombra nuevamente al pensar que ya pasaron tantos años desde ese día en que, junto al paso nivel, conoció a su primera compañera de aventuras en ese mundo desconocido, en ese lugar adonde se sintió pertenecer no bien se sentó, vacilante, nerviosa, ansiosa, sobre el último banco junto a la pared. “Ituzaingó” dice la gente. Otros dicen “Ituzáingo”. Ella prefiere la primera, pero preferiría no tener que pensar en lo cerca que está de ese pequeño bache en su viaje, ese momento extraño, frío, que alguna vez supo ser un anticipo de las horas que vendrían. Pero ahora ya no piensa en eso (se marean las botas ante sus divagues) sino en una noche en la estación Castelar, una noche en la que pensó que no necesitaba nada más para ser feliz, una noche en la que ingenuamente creyó ser dueña de una verdad que con el tiempo se mostraría como lo que era: una fantasía que su cabeza atolondrada hizo real, y de la cual solo repetiría esa noche, esa estación, ese par de latitas de cerveza. Y ahora es cuando las botas se ponen frenéticas. Enloquecen, zapatean, se retuercen. Todavía no entienden que no hay que bajar acá, ya no. Ya no hay nada para ellas en esta estación. Se resisten, luchan las botas, llorarían si no fuera porque el agua arruina el cuero. Son dos minutos breves pero que se clavan como agujas en la fría mañana, y estas botas que no entienden de razones, que solo siguen al instinto, que quieren bajarse, hacer tres cuadras, luego dos, tocar un timbre y que el tiempo no haya pasado, que todo siga igual que siempre. Una lágrima. Bueno, es un avance, se consuela la cabeza al recordar que hasta hacía dos meses ocultaba el rostro en un libro para no ver, para no sentir, para controlar a las botas. Pero el tren sigue y con él el grueso apunte, y con él un corazón podrido de latir. Se le antoja reirse a carcajadas, pero se contiene. No rompe con su risa el clima helado del vagón, pero le sobran los motivos. Pensar que alguna vez ese corazón se detenía una estación más allá, movido por la fuerza poderosa del capricho. Tonta, tan tonta, tan alegremente tonta, Como crecieron botas, como entendieron todo. Y cada estación es más fea que la anterior. Y en Liniers el tren escupe gente sólo para absorber otros tantos. “Qué ganas de ir a Museo, qué ganas de que no haga frío, qué ganas de que no haga frío PARA así ir a Museo” Ahí es cuando llega la estación más fea de todas: una franja desierta, desolada, perdida junto a la autopista. Y ahí abajo los olvidados que nadie quiere mirar, pero ella mira. Ella mira porque aprendió a mirar, y las botas sienten que algún día deberán bajar allí y recordar a los olvidados. ¿Para qué hace lo que hace sino? Y la eterna confusión, ¿viene Floresta o Flores? Cavila unos segundos y recuerda que primero va Floresta. “Barrio de Flores, si tus colores pudieran darle a mi boca una sonrisa otra vez…” canturrea por lo bajo, y una puntada en ese corazón le recuerda que alguna vez sus labios de seda fueron la luz de una condena. Que bien cantaba, que bien mentía, que bien fingía que sentía. Y como sentía ella, hasta lo profundo de los huesos. Pero por suerte el tren ya sale a campo abierto y ya ve Ferro, y las botas marrones se paran, y una sonrisa algo cansada se dibuja en ese rostro que ya no puede esperar para recorrer las calles del lugar, de su lugar. Y como un Oliveira que busca su kibutz, se pierde en esas veredas respirando ese futuro que la tienta, que la llama, que le grita que se apure. Tiempo al tiempo botas, que todas estas calles se caminan poco a poco, Pero ahora no hay tiempo, hay que correr al 36, aguardar la ancha avenida, tocar el timbre, descender, recorrer un corto trecho, cruzar la puerta a la carrera, subir los escalones de dos en dos, entrar al aula y finamente acomodarse. Las botas son recibidas con un mate, varias sonrisas, algún pájaro colgado del techo, esa sensación de libertad de quien construye un mundo en unas pocas paredes. Dicen que viajando se fortalece el corazón…Pasan los trenes, pasan los años, y las botas marrones cada vez laten más fuerte.

lunes, 30 de agosto de 2010


La Hidropesía se cura con paciencia, con mierda y con soledad…
Caminaba la gringa sola, rápida y esperanzada, pensaba que nada le pasaba, que el viento sólo soplaba y los hombres sólo miraban. Veía sus ojos ver, miraba sus manos caer, veía sus bocas algo hablar. Pero ella nada podía escuchar Estaba decidida y nada iba a cambiar. Caminaba y nada la paraba, ni el viento, ni el auto, ni los ojos ni el semáforo. Su personaje estaba creciendo nuevamente en ella, la miraba, la acariciaba, la vigilaba; y a la gringa le gustaba. Sentía ese cuerpo que tanto extrañaba volver a nacer. Sentía sus manos tocando sus entrañas, su risa estallando dentro, sus pies golpeando, y le gustaba. Claro que le gustaba. Era el más lindo de los orgasmos verlo crecer. Sólo ella lo veía y lo sentía. Qué iba a saber ese que fumaba sin asco mientras sus tetas miraba, su mano bajaba y su boca hablaba. Eran una de nuevo, y en su cara lo reflejaba. Sólo un viento de autocomplacencia intentó superarla, pero sus pies más rápidos que su cabeza, supieron bien qué hacer, cuánto correr, a dónde ir.
Algunos ya sufrimos demasiado en poco tiempo como para volver a caer. No es buena la caída, no es buena la libertad, si es efímera y te come y te mata. La mierda no sabe tan bien como pensabas, y nadar en ella ya no sirve de nada. Caer, levantarse y que el ello nazca otra vez, que vuelva de allá, de donde sea que estaba. El amor es para unos pocos tontos. El dolor es para todos los tontos, el sufrimiento sólo lo eligen los tontos, la venda se cayó y ella volvió. Y lo vio.
La gringa dejo su soledad para nadar por la mar. La que anda sola en el medio de la mar tiene ese no se que imperdonable de conocer y ser conciente del poder. El cuerpo es el cuerpo y la dualidad no sirve para un consejo. Ser hombre tanto como él, sólo que algo le cuelga arriba y algo no cuelga abajo. Al carajo con el género. Desde arriba se ve mejor mujer, desde arriba y sin caer, desde arriba y riéndote, de vos, de ellas y de él. Lo demás es cuestión de tiempo. Ya ves.
Las relaciones humanas son más jodidas de lo que puta madre pensabas. Siempre seria tanto más fácil. El de acá, el de allá, y el de por ahí; una sucesión de hechos desafortunados sin correlativa ni expectativa, su beso te retumbaba pero sin dejar de ser más que eso, un beso.
Las relaciones humanas entorpecen todo tanto más que nada. Se interponen en ese hilo que vos atas e intenta destrozarlo sin más, el camino es el camino, no existe superman y ni hablemos de nachoman- Es sinuoso y sin escala, va directo a la nada, o al todo, y en disney nos veremos, por que ahí si existe, con la nada.
Las relaciones humanas son puta madre más jodidas de lo que pensabas. No te dediques a pensar, no te dediques a actuar, no te dediques a sentir, menos a amar. Son relaciones. Son humanas. Cuando entendamos el amor y la libertad, vamos a entender el significado de la humanidad. Y de la relación. Nada más. Pura complejidad. La dualidad es mierda, y de la mierda a la nada. Pura nada.

jueves, 12 de agosto de 2010

La idea era empezar a escribir algo que no fuera pura realidad, ¿pero qué hacer cuando ella te invade hasta dejarte sin aire?
La guerra ha terminado yo vengo a arrodillarme ante tu cama, te rezan mis soldados y el palacio esta en llamas, tu general arría mis banderas, las fieras entran en la catedral. El rey murió en el campo de batalla, la reina se ha pasado al enemigo.
Estar psicológicamente jodida no está tan mal después de todo, si con esos retazos podes hacerte un buen escudo y salir al campo e intentar luchar.
Live and let die
And let it be
Y sobre todo
Let it bleed
So fuck
Que grandiosa, grandioso, que oso grande y temeroso. Que grandiosa suena la palabra libertad. Que miedo da la palabra libertad, que linda huele la libertad. Belleza subjetiva si las hay, no somos libres, ni un poco libres, seguí soñando tu libertad. Soñar no cuentas nada, que lindo que es soñar, sólo te cuesta un par de tormentos al despertar, un par de no saber dónde estas, si en ayer u hoy, quizás hace dos meses atrás, y por que no un par de años más. Y así se transforma en utopía tu libertad, es que de vos nunca te libras. Entonces no sos libre. Ni de vos. Ni de mí. Ni de. De.
Live and let die
And let it be
Y sobre todo
Let it bleed
So fuck
Hay un alo de humo que me persigue, no se si me persigue, si me aprisiona, si me encierra, vivan los adjetivos, o si yo lo corro para que no se me escape, acá quietito, qudate. No te muevas.
Es un problema psicológico, es más, mirà cómo te está doliendo la cabeza. Es psicológico, enteramente psicológico, tenerle miedo al miedo, al carajo con el miedo, era la guerra y decidiste darte por vencida antes de empezar a luchar, ¿y por qué? Por que tu problema psicológico no te deja ser. Y ahí te ves con la paz grabada en la mano derecha para no olvidarte que la estas persiguiendo, ¿y dónde quedó la libertad? Al carajo con la libertad, ella tiene que ser tuya por que así te lo propusiste hace meses atrás. Y lo conseguiste. Hasta que decidiste ser dominante otra vez y te olvidaste que sos mujer.
No se puede vivir con vergüenza y con miedo por que eso no es vivir
Ese mundo machista que tanto decís aborrecer te está atrapando y te encanta caer en él.
¿Por qué todo tiene q ser derecha o izquierda, femenino o masculino, paz o guerra? Coger no es amor, es mucho mejo. Los opuestos se atraen y a la mierda. La gran puta de la libertad. Tiempo al tiempo y demás, esto también pasara. Que persecución tremenda es este dolor de cabeza. Te apresa las neuronas.
No es un punto fijo al cual apuntas, tiras y te vas dejando todo sucio y blanco. No querido, te estas equivocando, mira para tu costado y pensa. Te estoy mirando. Te estoy hablando. Te estoy diciendo que así no, que esta vez no. ¿Y por que insistís? Por que así te dejo yo. Y la guerra la empiezo yo por que la termino yo. Es mí tiempo de tiranía y dominación y si no te gusta, sanseacabó. Lastima que no lo sabes.

lunes, 26 de julio de 2010

Mi rock sonaba fuerte. Sonaba claro, potente, con distorsión. Me sacudía de punta a punta. Tanto rock no podía ser verdad, pero ahí estaba marcando el compás y mi cielo ya no era mi cielo sino un más allá. Y yo bailaba mi rock, lo bailaba sin descanso, porque mis pies no se agotaban, la alegría era su motor. Mi rock era todo. Era arriba y abajo, derecha e izquierda, infierno y paraíso, luz y sombra, pero sobretodo era rock. Rock cadencioso, rítmico, de esos que rompen el silencio y revientan los parlantes. Yo era yo porque escuchaba mi rock, y mi rock era un orgasmo. Un orgasmo tan intenso que a veces sentía que iba a morirme, pero no, mi corazón seguía latiendo, y latía siguiendo el ritmo, y se aceleraba, y se enloquecía, y ya mi pecho le quedaba chico. Los latidos resonaban en mi cabeza, y de pronto…El ritmo se hacía más dulce, más suave, y era canción de cuna para mis oídos agotados. Con ese compás me dormía y nadie era más dichoso que yo, con ese rock de fondo. Mi rock era gloria embotellada. Mi rock era igual a mi alma enardecida. Abrazada a mi rock, nada podía lastimarme. Siempre fui un rompecabezas, pero mi rock me cantaba igual, le cantaba a todas mis piezas, de mil colores diferentes. Me saludaba con su melodía, me despertaba mejor que cualquier rayo de sol. Mi rock era un edén. Mi rock era lo más parecido a lo eterno. Mi rock se me escapaba de las manos y yo sentía que el día que se apagaran sus acordes ese corazón habituado a seguirlo se iba a detener. Me aferré a mi rock, abracé a mi rock, por momentos yo misma me sentía música. Pero un día dejó de sonar. Mi rock ya no estaba. Se había ido. Lo busqué debajo de la cama, en el armario, en los rincones de la casa. Revisé en todas partes pero ya no sonaba más. El silencio perforaba mis oídos. Mi rock se fue y no dijo chau. Y mis pies siguieron bailando. Y mi corazón siguió latiendo. Y me prohibí llorar (no podía bailar sobre el suelo mojado). Y todos mis sentidos bailaron otro compás. Amo a mi rock con todo lo que tengo. Lo amo con la piel y con los versos, lo amo con la carne y con la voz, lo amo con la sangre y con el alma. No sé hacer otra cosa que amar a mi rock. Pero mi rock ya no está, y yo soy bailarina. No puedo dejar de ser bailarina. Así que doy pasitos, un dos tres, un dos tres. Bailo. Bailo y todo tiene sentido. Bailo y el mundo sigue girando impulsado por mis pies. Y sigo amando a mi rock porque mi rock es mi cuerpo, y qué no daría porque vuelva a sonar, porque vuelva a acariciarme. Pero mi rock ya no existe. Y yo sólo existo si bailo.

jueves, 22 de julio de 2010

Fragmentos de Historias Estancadas I (Todo lo que no se extirpa, termina por enquistarse)

¿Las pastillas o aquel entupido amor? Es la pregunta perfecta cuando no podes explicar por dónde empezar a sacar astillas de adentro. Es más fácil culpar a una astilla de afuera que a una interna. Pero ¿y qué si la diferencia que claramente te marca es la entupida capacidad de ver las astillas propias todo el tiempo? Y ahí ese enorme dilema de no saber a quién culpar, a qué dios matar ahora, a quién querer cagar a trompadas. Y se te hace más fácil cagarte a trompadas a vos, y fumar ese cigarro que habías dejado. Total, la astilla es interna. Y nunca falla.
Siempre hay alguien que viene con su nueva historia a sacar tu mente de tu propia astilla. Después no te quejes, así lo queres. ¿Y si te quejas cuál hay? Se revuelven los vientos y la astilla del otro sos vos. ¡¡¡Pobre de vos mujer!!! Agua y ajo oíste una vez. Así te conoces, después no te quejes.

Ok- pensó- hablando la gente se entiende, ¿o no? Sí, pero hablar también puede traer demasiados problemas, demasiadas situaciones confusas, demasiados arrepentimientos. ¿Y entonces qué le digo? Nada. Podrías usar un poco de tu filosofía y callar.
Mientras todas estas ideas intentaban entrelazarse para formar aunque sea una respuesta coherente, creíble, iluminada, y por qué no, académica, él no paraba de abrazarla, de chocarla contra su cuerpo, de acariciarla, y de decirle cuánto la quería.
-¡Mentira!-Fue lo único que logró decir-
-¿Mentira qué?, dale nena, yo por vos me la juego
-Dejate de joder ¿queres?
El bajo su cabeza e intentó vomitar alguna que otra frasecita cursi-pensò ella-
Pero dijo lo mas inteligente que había escuchado hasta ahora
-Está bien, me dijiste una vez que hablaba demasiado yo
-Sí, por eso, callate y besame. Lo demás se verá.
Y así fue.

Entonces tal vez sólo es una jodida, una jodida, jodida, jodidisima mujer que no sabe lo que quiere y se presenta ante el mundo como la más fuerte.
¿Y qué si lo es?
Quizás es su carcasa. No más. Está esperando que alguien venga con su mazo y la rompa.
¿Y por qué no?

Se para frente al espejo y mientras intenta desenredar su húmedo cabello le grita a esa de ahí enfrente que deje de pensar idioteces. Que esta bien así. ¡Estoy bien así! Y no sabe si fue el cepillo, su tremendo grito, o capaz su mano fuera de control, pero el vidrio hizo craaaaaash y se rompió. Si crash. Con muchas A. y se rompió.
Su cara se desfiguro, pero no por el golpe de algún estupido vidrio que decidió lastimarla, no. Sino por el susto. Por que no sabe qué paso. Si su mano, su grito o su cepillo. Pero se rompió.
Se agachó y empezó a juntar vidrio por vidrio, mientras seguía pensando; y si pensaba, hablaba en voz alta. No vengan a joderla con que esta loca. ¡Por que bien sabe que lo está! No vengan a preguntarle, ¿estás hablando sola? Por que bien sabe que lo está haciendo.
Y le encanta.
Déjenla así
Le encanta
Entonces siguió juntando los vidrios, siguió pensando, y siguió hablando en voz alta. Obviamente, sola.
-¿En que estábamos mujer?
-Ah no se, pero ahora pienso no, ¿y qué si en realidad tengo la esperanza del príncipe azul? Ay nena, deja de hablar por pasar el tiempo nomás… hablar puede traer demasiados problemas, demasiadas situaciones confusas, demasiados arrepentimientos. Si, pero hablando la gente se entiende también. Bueno ¿y con quién vas a hablar? Con vos misma, entonces, ¿cuál hay?
-Hablemos
Bueno ¿y qué si quiere a su príncipe azul montado en un enorme caballo blanco? No existe, dijo en voz alta. Muy alta.
Y ahí al vidrio se le ocurrió cortarle de lado a lado su muñeca izquierda
Ay querida, en donde tenes tu cabezota- se dijo- Y entonces ahora tuvo que subir y enjuagar con mucha agua la cortada. Y así estuvo, parada frente al lava manos, sin espejo en el que mirarse, con vidrios juguetones dispuestos a seguir cortando lo que se cruce ante ellos rodeando sus pies, y con una mano sangrando bajo el agua.
¿Y ahora qué?
Nada.


Juguemos en el bosque mientras el lobo no está, ¿lobo está?
Recuerdo de una linda infancia ya muy pasada se posaban sobre la mirada perdida de esa mujercita allí sentada.
Estaba sentada en la plaza, con una pollera muy larga, con la mano en la falda y una libreta a su lado. Su pelo era dorado, lacio y largo.
La mirada más perdida que jamás había visto.
La mujercita se acomodó su flequillo despeinado y empezó a esbozar vaya uno a saber qué cosas en su libreta
Quizás dibujos
Quizás no
Creo que fueron frases de algún recuerdo devenido en infinito.
Alguna canción de la infancia quizás sonaba en su mente mientras su muñeca bailaba y su piecito tamboreaba
Era fantástico.
Un show de percusión en vivo y en directo
Y la mujercita vio que alguien la observaba, sus lentes resbalaron sobre su nariz al levantar la mirada, su flequillo se volvió a despeinar, y en un brusco movimiento quiso acomodar todo al mismo tiempo. Flequillo. Lentes. Libreta cayendo. Y pollera jugando con el viento
Suerte que era larga
Y después de acomodarse y volver a la normalidad, la mujercita grito, ¡estoy escribiendo!
Y su manito volvió a bailar y su piecito volvió tamborear
Era fantástico
Un show en percusión en vivo y en directo
Y la mujercita también grito, ¡llevo una vida escribiendo!
Y ahí decantó que la mujercita era viejita
Ni cuenta me había dado, su cabello era dorado, no blanco
Y su mano seguía bailando, como tantas veces seguramente había hecho, y quién sabe cuántas historias había creado.
Su mano. Su pie tamboreando. Su flequillo despeinado. Sus anteojos resbalando.
Era fantástico.
Y ahora quizás la historia más triste quiero contar
La historia de un amor sin final
¿Amor?
Quién sabe, debe de haber sido amor
Entonces estaba en que iba a contar la historia más triste de amor
Y resulta que él y ella se querían, pero ni él ni ella supieron encauzar bien sus abrazos, ni sus besos, ni sus llantos, y menos que menos sus orgasmos.
Pero se querían. Sí, se querían.
Pero uno era casado parece ser che, eso me contaron, que uno era casado. Pero no voy a decir cuál
Y el otro amaba. Pero el casado también amaba, sólo que no sabía a cuál.
Y si lo sabía, bien mal de su parte por jugar así
Pero este no quería pensar de esa forma. Creía que el hombre podía equivocarse, pues nadie es perfecto. Se dijo a sí mismo más de una vez. Y no sabe si para convencerse o para evitar las culpas. Pero así actuó. Y así parece que estuvo bien
Por que vos los ves ahora y están los dos bien.
Sí, sí. El que era casado, ¿te acordàs que te dije que había uno de los dos que era casado? Bueno ese se separó nomás che. Si, se separó. Y por un instante el otro pensó que por una vez había ganado algo, que todo el tiempo que había esperado había valido la pena-
¿Pero sabes qué? Ese que fue casado, se borro. Así como te lo cuento, se borró.
Y ese otro no tuvo más que llorar un poco. Y se fue por ahí a unos pagos medios lejanos, y medio como que hizo de cuenta que se había olvidado.
Pero al volver se dejó de mentir. Y gritó que amaba con toda su alma.
Pero igual estaba bien.
De vez en cuando lo ves a ese llorando por ahí, pero son las menos veces.
Y ese otro casado, borrado, ahora esta casado de nuevo ves vos.
Y así es. Así que volvió a llorar un poco el otro.
Y se calmó.
Y te dije que era quizás la historia más triste de amor que quería contar.
La historia de un amor sin final.
Eh, pero no se yo si eso es el amor che, y menos se yo si es la más triste.
Pero vos viste, algo es.





Le pedí al tren que se apurara, que se apurara por que tenia una gran urgencia.
Por lo general esa urgencia tiene cara de baño
Pero esta vez era distinto
Le pedí al tren que se apurara por que quería escribir
Sobre qué no se bien aún
Y no lo se por que no lo escribí
Sólo volaron un par de ideas entre hoja y hoja de árbol
Se entrelazaron por encima de mi cabeza
Hicieron una danza medio extraña
Y me pidieron que le diga al tren que se apure
Que estaban ellas hoy con urgencia
Y entonces fiel a mis ideas, yo accedí.
Y el tren accedió tanto a ellas como a mí
Y vino.
Con su enorme trompa nos rozo
Nos hizo dar pequeños saltos hacia atrás de las borroneadas líneas amarillas
Y se paro
Nos saludo y rezongo un poco por el frío
Un poco por la niebla
Un poco por los golpes que recibía hora tras hora, día tras día
Y se freno
Abrió sus enormes fauces
Y nos hundió en un profundo abrazo
Que acogedor
Y entorno sus brazos sobre mis ideas y sobre mi también
Nos dio un pequeño lugar
Y se volvió a marchar
Un capital golondrina parece
Y que no me haga recordar a el
El también era como una especie de capital golondrina
Ese estilo de golondrinas debería estar en extinción
Pero no lo están señores!!!, tengan cuidado
Andan por la calle sin cartel y en una de esas te tropezas con una tipo con porte de capital golondrina y chau
Y entonces el tren puso en marcha su motor
Y empezó a pedalear
Y mis ideas se fueron así como vinieron
Yo pose la cabecita en su pared
Le sonreí
Y me dormir
Y las ideas se fueron, así como vinieron
Como el
Y como el tren.




Le dijo que era tierna
No utilizo en realidad, realmente no utilizo esa palabra
Pero se lo dijo
Y se sonrojo
Después de sonrojarse le recordó que siempre era así ella
Solo que no la sabían aprovechar. Eso dijo. Y espero
Yo si te aprovecho
Dijo el
Y siguió
Cuando te dejas
Y así nomás. Y dale que va.




“Sigo siendo eso q siempre buscaste hasta q lo tuviste
Y ahora lo querès tanto que te encanta tenerlo
(…) Quien te dijo q nadie llegaba después de estos dos q golpearon la puerta y no saben a que fiesta vinieron”.

Y con respecto a su ante última, o última relación, Julieta escribió en una hoja que durante meses quiso quemar, hasta que se animó a enviar:

“No quiero ser yo la que siempre tenga que sacar a la luz nuestros no problemas, pero lamentablemente parece que así es y será. ¿Que qué quiero decir?, que logré despertar de mi eterno cuento de hadas y que ahora tengo fundamentos para sostener lo que solía ser un enlace de incompresibles intentos de argumentos. Realmente siempre esperé que la distancia ayude, pero nunca la respetaste, y tanto el uno como el otro se dejó llevar sin importar las consecuencias, y aquí es cuando florece mi culpa por haber dejado que te comportes así conmigo. Era obvio que de tu parte no iba a haber reacción, ni acción ni nada de nada. Pero me dejé llevar y confié en que esta vez no me iba a suceder. Y sucedió. No me arrepiento, pero ahora que la princesa se hizo reina tiene que poder saber qué hacer, aunque vos no la ayudes.
Entonces es cuando siento que lo mejor sería pensar que sos un hombre cruel e injusto y que lo único que hiciste y haces es jugar conmigo, pero si pienso un poco mas no puedo llegar a ese final, por que no hiciste lo que quisiste, hiciste lo que yo te deje que hagas. Suelo preguntarme por qué creas algo que no existe, qué no puedes dar o qué no quieres dar, y aquí sí te puedo culpar, de eso sí, por que yo no pedí nada y las cosas se me dieron igual, y cuando intento pedir ya no se dan.
No se si ya no reside interés en ti, no se si se aumentó en mi, no se si me utilizas, o juegas conmigo. Lo único que se es que hiciste que me enamore de ti, que hiciste que te quiera tanto que no puedo ni odiarte, y que ahora no pueda desligarme de ti, y lo peor es que no quiero, pero en días como hoy lo único que deseo es tener fuerza para alejarte de una vez. Y no quiero. Por que quiero todo lo contrario, y no depende de mí. Así que, hasta que Romeo no aclare su cabeza, si es que tiene algo que aclarar, Julieta prefiere desaparecer y desaparecerte, por que así no puede más. Y sí, es una cuestión de decidir, yo se bien lo que quiero, y es a vos, pero a vos sin eso que traes contigo. Solo a vos. Y si esto no cambia, yo no quiero seguir siendo el soporte que te haga sentir un poco mejor, no quiero ser lo que se llame esto que soy. Quiero otra cosa, y ahora si creo que lo dejo bastante en claro. Quiero estar con Romeo. Y si Romeo sigue así, Julieta se borra.”

Y así fue cómo dijeron después que se envenenó ella, y después él. Y al final, nunca se supo bien cómo terminó, si ambos murieron, o resucitaron los dos.
Parece que esto de resucitar esta de moda
Esta a la onda
Esta en la línea
Pero ella hablaba muy finamente. No emitía groserías, bien me hubiese gustado ser su amiga.